¿Humanos o monstruos?

EL OCTAVO DÍA

Dios creó el mundo en seis días. El séptimo descansó.
El octavo día, el ser humano toma las riendas de su propio destino, autodestruyéndose.
La violencia es un acto intrínsecamente humano, siniestro, lleno de belleza y sensualidad.
Hombres que parecen monstruos, y monstruos tan frágiles que parecen casi humanos.

 

Todos nos hacéis la misma pregunta y se nos vuelve extraña y dolorosa, porque nunca fue importante lo que queríamos decir. Nosotros solo creíamos mostrar.

Las imágenes las teníamos muy claras desde el inicio, pero las intenciones eran mucho más inconscientes. Es ahora con la distancia que podemos leerlas, no antes. No nos interesaba como premisa prioritaria dejar al público con la boca abierta. Solo queríamos mostrar las imágenes que teníamos en mente desde hacía tiempo. Imágenes que llevábamos un año pensando. Imágenes que nos trastornaban. Imágenes que necesitábamos ver encarnadas en cuerpos reales, en escenas. Imágenes que precisaban la construcción de todo un edificio que pudiera contenerlas.

Pero vuestra pregunta nos ha sorprendido. Vuestra pregunta nos es indiscreta y molesta, porque no nos estáis preguntando el cómo de nuestra obra sino el porqué; y ésta quizás es la pregunta que no queremos contestar.

Sabemos que por encima de todo queríamos ofrecer belleza; una plasticidad escultórica, cromática, coreográfica y rítmica que ofreciera belleza. Aunque también está el deleite de hacer pasar al público bajo nuestra forma de mirar. Quizás sí que queremos conmoverlo, que sufra un poco, que se trastorne un poco.

Queríamos presentar las imágenes con contundencia, que fueran bellas y claras. Y sabíamos que nos gustaba el arte de almacenar el inconsciente dentro de la asepsia. La belleza la queríamos estática, quieta, impoluta, pero también rápida y violentada. Nos gustaba la idea de dejar a la gente bajo una letargia sutil, de condicionarlos la mirada. Seducirlos a mirar por belleza aquello que niegan la razón, la ética y el pensamiento.

Pero la pregunta que nos hacéis tiene intención. Nos habéis preguntado qué queríamos decir. Verdaderamente no queríamos decir. Lo que quisiéramos es comprender. A veces necesitamos mirar de otra manera las cosas de éste mundo: la violencia, la humillación, la degradación, la muerte. Necesitamos comprender. Pero también necesitamos saber cómo es que se mezclan tan fácilmente con sus opuestos: la belleza, la sublimación, amar, acompañar, proteger, la vida. Y sobretodo saber dónde queda finalmente el perdón o la redención de todo esto.

A veces no nos cuestionamos tanto. A veces somos más austeros, que no significa que seamos menos lacerantes; porque al fin y al cabo nuestra auténtica necesidad solo está en abrir nuestro imaginario y encarnarlo.

Desde la Taimada os hemos creado esta pregunta incómoda que resultó ser El Octavo Día.